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FOMO en verano: por qué Instagram puede hacerte sentir que todos viven mejor que tú

25 DE AGOSTO DE 2026

Laura cumplió 35 años el pasado 30 de marzo. La verdad es que tiene todo lo que siempre quiso y deseó: un buen trabajo como consultora en una gran empresa extranjera, que le permite teletrabajar y moverse libremente por todo el mundo; una pareja estable que tiene su propio negocio y que es emprendedor, que no factura mucho, es verdad, pero que, al no tener demasiados gastos, puede acompañarla a cualquier parte. Gana bien, no tiene muchos gastos, vive como quiere y no desea, por ahora, tener hijos con los que complicarse la vida. Todo gira en torno a uno de sus placeres y objetivos en la vida: recorrer mundo, empaparse de cultura, visitar lugares y no dejar nada para arrepentirse más adelante.

Hace unos meses, en mayo de este año, comenzó a planificar al detalle lo que sería un julio y agosto apoteósico: recorrer la costa oeste de Canadá en coche y disfrutar de una experiencia inigualable. Como no podía ser de otra forma, Laura decidió empaparse de guías y vio las enormes posibilidades que ofrecía el viaje. Con mucha ilusión, le contó a Jorge lo que pretendía y él le comentó entusiasmado que podía organizarse y, por supuesto, acompañarla. Laura, perfeccionista y metódica, empezó entonces a reservar lugares y consultar diferentes webs.

Una noche, comentando con sus amigas lo que había descubierto, una de ellas le recomendó que siguiera a una famosa influencer que desde hacía mucho tiempo se dedicaba a publicar los diferentes viajes que realizaba, por si casualmente había visitado la costa oeste y así no dejarse nada al azar. Dicho y hecho: empezó a seguir a esta reputada influencer y su mente comenzó a fermentar ante la cantidad de posibilidades: sitios de ensueño, experiencias inolvidables en glaciares, paisajes icónicos, naturaleza expansiva… Un espectáculo.

A esta mujer la siguió día y noche. Comentó algunas de sus fotos, le preguntó dudas e incluso la influencer fue aconsejándola. Poco a poco, Laura fue abriendo Instagram con más frecuencia y vio la cantidad de viajes y lugares que esta persona visitaba al año. Empezó a pensar que quizá no estaba aprovechando suficientemente la flexibilidad de su trabajo y que podía sacarle un poco más de jugo. Sin darse cuenta, el FOMO empezó a ocupar cada vez más espacio en su día a día.

Jorge empezó a notar un comportamiento extraño en Laura. Cuando llegaba a casa, ella solo le hablaba del viaje y le enseñaba fotos de esta persona, quejándose de que quizá podían organizarse de otra manera para ver más cosas, disfrutar más y estar más al tanto. Pero eso no fue todo. Cuando salían con amigos, Laura acaparaba la conversación para hablar de sus viajes y sus sueños, sin parar de enseñar fotos a todos los que la rodeaban sobre lo que podría ser su vida y comparándose con esta persona. De pronto, todo giraba en torno al viaje y a la influencer, y a Jorge comenzó a hacérsele pesado. El FOMO fue haciendo que Laura dejara de valorar todo lo que ya tenía y se centrara únicamente en aquello que creía que le faltaba.

Llegó el día del viaje: el avión, el check-in… Todo prometía convertirse en una experiencia extraordinaria, pero la situación empezó a cambiar desde el aterrizaje. Laura tenía prisa, quería verlo todo y estaba ansiosa. Prácticamente, los lugares que visitaban eran un check más en su lista antes de pasar a la siguiente actividad. Apenas paraban para hacerse unas fotos y publicar en Instagram que habían visitado determinado lugar. Jorge le pedía un poco más de calma y disfrute, pero Laura se enfadaba constantemente, diciendo que no podían perder el tiempo y que tenían que ver más cosas. Por las noches, incluso encontrándose en lugares espectaculares, Laura pasaba horas mirando el móvil con el ceño fruncido, lamentándose de que no habían pasado suficiente tiempo en algún sitio, que no habían visto determinado rincón o que las fotos no eran lo suficientemente buenas. El FOMO ya no le permitía disfrutar del viaje real que estaba viviendo.

Fueron pasando los días y las broncas entre Jorge y Laura se hicieron constantes. Cada vez hablaban menos, pero, eso sí, Laura exigía a Jorge que posara y que pasaran por cada uno de los rincones que supuestamente tenían que visitar. Más y más horas en Instagram, más alejamiento de Jorge, menos sueño y más rabia por haberse dejado sitios sin ver y fotos sin hacer. A medida que aumentaba el FOMO, también crecían la frustración y el malestar.

Una mañana, Jorge se levantó de la cama del bungalow al escuchar gemidos en el baño. Eran las 04:00 de la mañana y encontró a Laura totalmente desencajada, llorando de rabia mientras miraba el móvil. No había dormido nada. Jorge la abrazó y le preguntó qué le pasaba, pero Laura lo empujó a un lado y le dijo que lo estaban haciendo todo mal, que el viaje no merecía la pena así. No estaban aprovechando nada. Para poder ver todos los lugares que sugería la influencer, tenían que levantarse antes y pasar menos tiempo en cada sitio.

Tuvieron una gran bronca que duró hasta una hora más tarde. Al día siguiente, Jorge comentó que estaba pensando en marcharse e interrumpir el viaje. Estaba agotado y Laura, muy enfadada y molesta, le dijo que, si se iba, ya no volviera a su lado. Jorge cerró la puerta sin decir adiós. Laura pasó el resto de los días casi sin comer ni dormir, intentando igualar las fotos y los lugares mostrados en Instagram, sin éxito.

La historia de Jorge y Laura no es una historia completamente inventada. Está formada por fragmentos de pequeñas historias de personas víctimas del llamado FOMO (Fear of Missing Out), es decir, la sensación de estar quedándose fuera o perdiéndose experiencias muy interesantes. Las personas que lo padecen suelen buscar emociones fuertes y la perfección en cada detalle, además de vivir con problemas de ansiedad cualquier acontecimiento que han preparado previamente.

El problema se encuentra, en muchas ocasiones, en las redes sociales. Redes que solo muestran una parte de la vida y que estimulan los mecanismos de recompensa de nuestro cerebro, maximizando todo lo que no hemos visto o conseguido y minimizando cualquier experiencia placentera que podamos estar viviendo cuando no se iguala a aquello que aparece idealizado en ellas.

En el contenido de este blog podría hablar de personas que idealizan a corredores, las marcas que consiguen y las exigentes carreras de los creadores de contenido; los cuerpos, los viajes, los niños o las familias modélicas que muestran… En realidad, da igual la temática, pues el denominador común es la idealización, la perfección y el machaque al que se someten a sí mismas e incluso a sus familiares más próximos por intentar alcanzar esa perfección. A esto se suma la adicción que pueden generar estas redes, que lleva a perder cada vez más tiempo analizando lo que falta o comparando todo aquello que queda por tener. El FOMO no depende tanto de la temática como de la comparación constante y de la sensación de que la vida de los demás siempre es mejor.

En CIPREA ponemos el foco en entender la historia de la persona que busca ese ideal y esa perfección como una forma de intentar huir de aquello que no le gusta de sí misma o que la hace sentirse especialmente vulnerable. Detrás del FOMO suele existir una necesidad emocional que merece ser escuchada. A través de la psicología clínica, buscamos comprender qué heridas pueden estar presentes en su historia, ayudar a sanarlas y valorar de qué forma se está regulando emocionalmente.

Si sientes que el FOMO, la comparación constante o el uso de las redes sociales están afectando a tu bienestar o a tus relaciones, podemos ofrecerte ayuda psicológica. En CIPREA contamos con atención presencial con psicólogo en Madrid y psicólogo en San Sebastián de los Reyes, además de sesiones de terapia online. Si este malestar también está influyendo en vuestra relación, podemos acompañaros mediante la terapia de pareja. Contacta con nuestro equipo para solicitar información o pedir una primera cita.

 

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