El aborto en la pareja: ciclo vital, diferencias y culpa

17 DE JULIO DE 2026

Interrupción del ciclo vital de la pareja

Si bien no podemos generalizar ni establecer un criterio que clasifique el dolor de una pareja en referencia a su ciclo vital (ya que tendríamos que analizar si esa pareja ya tiene hijos o si era su primer bebé), el embarazo supone el inicio de una nueva identidad como padres, en la que la pareja refuerza su unión para preparar la llegada del nuevo miembro a la familia. Ante una pérdida, no solo desaparece el bebé esperado: también se interrumpe el proyecto vital y la identidad futura que ambos empiezan a construir. Por eso el aborto en la pareja supone mucho más que la pérdida física del embarazo.

Dentro de este ciclo hay factores de protección evidentes, como haber sido padres con anterioridad de otros niños, la juventud de los progenitores (no es lo mismo una pareja con una mujer de 40 años que ha perdido su primer embarazo que otra de 20), haber tenido abortos anteriores (la herida se puede ir haciendo más grande, y la sensación de culpa también) o el momento en que se produce el aborto (no es lo mismo sufrir un aborto al principio que a término). Todos estos factores modulan cómo se vive el aborto en la pareja y su capacidad de recuperación.

Este ciclo, por tanto, no puede utilizarse como algo genérico, sino que hay que valorar aquellos factores que pueden amortiguar o acrecentar el daño dentro de la herida por la pérdida. Entender el aborto en la pareja desde estos factores ayuda a no juzgar el propio proceso.

 

La influencia del sexo en la pérdida

La mujer tiene peor pronóstico a la hora de sufrir sintomatología tras un proceso en el que hay un aborto, pues, al mismo tiempo que sufre la pérdida del hijo no nacido, se producen unos cambios hormonales y físicos que acrecientan el dolor y la consciencia de pérdida: su cuerpo empieza a cambiar, borrando la huella de lo que pudo ser y no fue. Son cambios que ella no puede ralentizar de forma consciente y que le hacen sentir mucha culpa durante todo el proceso, analizando toda la historia del embarazo e intentando encontrar “el fallo” que pudo cometer, juzgando cada conducta o decisión que, según su apreciación, pudo poner en peligro al bebé. Esta es una de las caras más duras del aborto en la pareja.

Por otro lado, el hombre, al no haber tenido la posibilidad de sentir esos cambios producto del embarazo y no ser consciente de la transformación de su cuerpo, siente la pérdida de una forma más abstracta y, por tanto, su vinculación hacia ese bebé no nacido suele ser menor: no hay cambios hormonales ni un cuerpo que sufra alteraciones que puedan vincularse a un “rechazo”. Aun así, se produce algo muy interesante: el bloqueo afectivo para hacerse cargo del duelo de su pareja y la sensación de que, en todo este proceso, es “invisible” frente a la sociedad. Se asume que no necesita cuidados ni que estén pendientes de él, y eso refuerza la idea de que “tiene que ser fuerte y sentirse mejor” según pasa el tiempo. Comprender esta asimetría es esencial para abordar el aborto en la pareja sin dejar a nadie fuera.

 

La culpa como emoción secundaria a la rabia de la pérdida

La rabia es una emoción que forma parte del ser humano y es tremendamente adaptativa, ya que busca el cambio de una situación que se considera injusta, en la que todo el sistema nervioso simpático se coloca en modo “lucha”. Es, además, una emoción que acompaña a una fase específica del duelo, después de la fase de shock y negación. Por ejemplo, ante una pérdida, inicialmente no nos creemos que realmente haya sucedido, después negamos que haya sido posible y luego arremetemos con rabia hacia esa posibilidad.

En una pérdida gestacional se producen dos puntos importantes: por un lado, esa rabia manifiesta y real intenta dar salida para adaptarse a una situación injusta; al no ver posibilidad de manifestarse hacia nadie, se transforma en necesidad de análisis y control, donde la mujer juzga cada sensación que tuvo, cada decisión que tomó o cada conducta que pudo salirse de lo esperado como elemento clave para haber favorecido la muerte de su bebé, y coloca esa rabia, emoción primaria, como culpa, emoción secundaria. Con ello logra dos cosas: canalizar hacia sí misma esa rabia necesaria para superar el proceso de duelo e intentar averiguar dónde pudo estar el “fallo” para estar preparada ante el siguiente embarazo. Este mecanismo explica buena parte del sufrimiento del aborto en la pareja.

El problema de la culpa es que suele ir acompañada de pensamientos negativos orientados al control y a la personalización del aborto, con la consecuencia de un automaltrato que no lleva más que a la estigmatización de una misma. Detectar esa culpa a tiempo evita que el aborto en la pareja derive en un desgaste emocional todavía mayor.

 

Acompañar el aborto en la pareja desde el respeto

Ni la vivencia de la mujer ni la del hombre son “la correcta”. Reconocer que el aborto en la pareja se siente de maneras distintas (y que ambas merecen cuidado) es el punto de partida para acompañarse mutuamente en lugar de reprocharse cómo debería vivirse el dolor.

Aborto en la Pareja | Psicólogo en San Sebastián de los Reyes