Amaxofobia o miedo a conducir: «Voy a congelarme y soy capaz de matar a alguien»
30 DE OCTUBRE DE 2026
La amaxofobia, o miedo a conducir, es mucho más frecuente de lo que pensamos y puede llegar a condicionar los estudios, el trabajo y la vida familiar de quien la sufre. Hoy quiero contaros el caso de Lucía, una joven que llegó a mi consulta convencida de que, si se ponía al volante, se quedaría paralizada y provocaría un accidente.
El caso de Lucía: «Si cojo un coche, me voy a quedar congelada»
Lucía es una joven de 19 años que viene a mi consulta durante el mes de julio. Me llama la atención su figura menuda, con ojos muy abiertos, labios muy finos y apretados, manos delgadas y frías, y la sensación, cuando alguien la ve entrar en consulta, de que va al matadero.
En la primera sesión, le pregunto a Lucía qué la lleva a venir aquí y me sorprende con su comentario: «He llegado aquí porque mis padres me están obligando a sacarme el carnet para ir a la universidad y yo sé que, si cojo un coche, me voy a quedar congelada del pánico y voy a matar a alguien o a matarme a mí misma».
Le pido que tome asiento y que me exponga con calma todo el problema. Lucía me comenta que lleva dos años en la universidad y que tarda dos horas y pico en llegar desde Algete. Al principio cogía el transporte público y no le suponía demasiado problema, solo levantarse antes para llegar a la facultad y tener que llegar más tarde a casa.
Sin embargo, la cosa empezó a complicarse cuando llegaron los primeros exámenes o las primeras reuniones entre compañeros para realizar los trabajos que los profesores les mandaban. Llegar puntual suponía mucho estrés, ya que cualquier retraso del transporte público, huelga o incidente suponía no llegar al examen o poder fastidiar a sus compañeros. Así que empezó a pedir ayuda a su padre, a su madre e incluso a su novio (estudiante de oposición a policía municipal), lo que, pasados cuatro meses, supuso un engorro para todos ellos.
Terror al volante: su primera clase en la autoescuela
Cuando le pido que me explique por qué no coge el coche, su cara cambia, sus ojos se abren todavía más, niega con la cabeza y me comenta que tiene terror al coche, que solo arrancar el motor le genera mucho estrés y que, a pesar de contar con un coche para ella (el coche de su madre, que casi no lo utiliza porque tiene el trabajo al lado), no se ve capaz de cogerlo.
Cuando le pregunto si se ha apuntado ya a la autoescuela, me confiesa que lo hizo hace un año y medio y que fue una verdadera tortura. Comenzó a dar clases de conducir cuando estaba a punto de cumplir 18, por aquello de ir con garantía cuando sacara la prueba de la EBAU, pero la primera vez que se subió con el profesor de la autoescuela notó que el corazón se le iba a subir por la garganta. Sus manos quedaron tan apretadas al volante que casi no podía moverse y, aunque el profesor le hablaba, ella no era capaz de escucharle: era como si su voz sonara de lejos. Se quedó así apenas un minuto antes de arrancar, pero a ella le pareció una hora. Estaba tan nerviosa que el profesor le dijo que mejor ese día no hacían la clase y la cambiaban a un día después.
Una noche en vela: la anticipación catastrófica
Me cuenta Lucía que pasó casi toda la noche en blanco pensando en todo lo que podía ir mal: en meter mal la marcha, en arrancar y golpear al coche de delante, en quedarse paralizada y que los coches de atrás no la vieran y chocaran con ella, en no ser capaz de frenar por confundir los pedales y golpear al coche de enfrente o, lo que es peor, a un peatón que cruzara.
Fue tal el horror de esa noche que cogió el móvil y empezó a mirar en internet casos parecidos al suyo. Vio que a mucha gente le pasaba e incluso se pasó mucho rato viendo implicaciones legales o casos que fueron especialmente horribles, como atropellos de mujeres que declaraban que no sabían qué había pasado.
Al día siguiente, Lucía entró en el coche y casi sufre un ataque de ansiedad: era tal la respiración que salía por su boca que a duras penas podía escuchar al instructor intentando calmarla. Finalmente encendió el coche y puso la primera marcha, que empezó a sonar como si rugiera porque no era capaz de coordinar el pie con el embrague. Segundos después, puso la cabeza en el volante y empezó a llorar. El profesor intentó calmarla y le dijo que no pasaba nada, que podían agendar otro día, pero Lucía jamás agendó. De eso hace ya más de año y medio.
Cómo afecta la amaxofobia a su día a día
Durante ese año y medio, sus padres siguen llevándola a los exámenes, al igual que su novio. Incluso me comenta que han hecho un Excel de días y horas para poder llevarla tanto en enero como en junio, pero que les nota cansados y hartos de ella.
Sus amigas tratan de hacerle entender que no es para tanto, e incluso una amiga se ha comprometido con ella alguna vez a acompañarla a la autoescuela para matricularse de nuevo, pero ella se niega alegando cien mil excusas diferentes.
¿De dónde viene su miedo a conducir?
Cuando le pregunto si alguna vez ha tenido una mala experiencia, accidente o incidente con el coche, me comenta que no, pero que nunca le ha gustado ir en coche, que siente muchísimo miedo cuando va de copiloto en el asiento de delante y que, de pequeña, yendo en el asiento de detrás, se mareaba constantemente.
A pesar de eso, jamás ha visto ningún accidente ni nadie de su familia ha tenido ninguno, más allá de algún golpe fortuito sin trascendencia. En la actualidad, si puede viajar en tren o en transporte público antes que en coche, lo hace. Le cuesta mucho meterse en coches cuyos conductores no conoce o que no sean sus padres o su novio.
Según voy conociéndola más, voy viendo que es una joven con tendencia a querer controlar las cosas: se agobia a menudo con los exámenes, saca buenas notas pero no le son suficientes y, en general, tiene bastante miedo a tomar decisiones en las que se pueda equivocar.
Por otro lado, es hija única, sus padres siempre la han protegido bastante y, ciertamente, si ha tenido alguna dificultad en su vida, tiende a delegar en otros la solución o procrastina a la hora de enfrentarse a ella.
¿Qué es la amaxofobia?
El caso de Lucía es una fobia a conducir o, como se llama hoy en día, amaxofobia. Es muy común en personas con tendencia al control, con inseguridad manifiesta o a las que les cuesta tomar decisiones, ya que anticipan posibles situaciones que pueden hacer que pierdan el control y tener un resultado catastrófico.
Como hemos visto en Lucía, algunas señales habituales de la amaxofobia son:
- Taquicardia, respiración agitada y tensión muscular al subirse al coche o solo al arrancar el motor.
- Sensación de bloqueo o de irrealidad, como si las voces sonaran de lejos.
- Pensamientos anticipatorios catastróficos: quedarse paralizado, provocar un accidente o atropellar a alguien.
- Evitación: buscar excusas para no conducir y depender de otras personas para desplazarse.
Tratamiento de la amaxofobia: cómo superar el miedo a conducir
El trabajo que se hizo con Lucía para tratar su amaxofobia tuvo dos partes.
Primera fase: terapia cognitivo-conductual y exposición progresiva al coche
La primera parte se enfocó en el objetivo de acudir a la autoescuela, después sacarse el carnet y, por último, coger el coche después de tener el carnet. Ese trabajo se hizo con el método cognitivo-conductual, donde se le enseñan técnicas de regulación emocional y aproximaciones a coger el coche y perderle el miedo, hasta que se ve capaz de aparcar y desaparcar con ayuda de su novio, su madre o su padre.
Después se le acompañó a la autoescuela, formalizó la matrícula y fuimos haciendo aproximaciones con el coche lentamente. Por último, se la expuso al examen práctico (que aprobó a la primera). Después fue más difícil, porque hubo que trabajar aproximaciones primero con personas de confianza dentro del coche, luego con personas de confianza en un coche y ella en otro, y por último ella sola (siempre con el objetivo de llegar a la universidad).
Segunda fase: EMDR para trabajar el origen del miedo
Una vez acabada esa parte, llegamos a la segunda: donde estuvo el origen. Aquí se trabajó todo el miedo a perder el control y las heridas producto de un apego muy ansioso con sus padres. Esa labor invisible se decidió realizarla con EMDR, un método altamente eficaz para trabajar heridas emocionales.
¿Tienes miedo a conducir?
Si te sientes identificado con la historia de Lucía, la amaxofobia tiene solución. No tienes por qué seguir dependiendo de otros para moverte ni renunciar a tu independencia. En Ciprea contamos con psicólogos especializados en ansiedad, fobias y EMDR que te ayudarán a recuperar la confianza al volante, paso a paso y a tu ritmo.
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