Autolesiones en adolescentes: qué son, por qué aparecen y cómo detectarlas
10 DE SEPTIEMBRE DE 2026
En primer lugar, hay que entender bien qué es una autolesión y para qué vale. Normalmente, podemos ver en películas o nos han contado casos de niños que se cortan con cuchillas de afeitar en brazos, muñecas, tobillos… y realmente generan mucha alarma social, pero pensamos que eso es algo poco común o no tan frecuente.
Pero… ¿y si consideráramos autolesiones también las críticas destructivas que esos niños o adolescentes se hacen a sí mismos? ¿Y si valoramos la onicofagia (comerse las uñas o los pellejos hasta hacerse sangre) como una forma de autolesionarse? ¿O la tricotilomanía o tricofagia (arrancarse el pelo o comérselo), o las laceraciones en el cuero cabelludo con la uña, en el rostro o en el dorso de la mano? Esto quizás es bastante más común y también tiene un componente autolesivo.
¿Qué entendemos por autolesión?
Una autolesión es una conducta mediante la cual una persona se causa daño de manera intencionada. ¿Pero por qué se busca ese hacerse daño? Hay diferentes motivos:
- Búsqueda de regulación emocional. Cuando hay una alta activación, ansiedad, palpitaciones, angustia…, el dolor físico se utiliza como calmante, pues su intensidad genera en el torrente sanguíneo un aumento de endorfinas que puede regular el estado de ánimo.
- Castigarme físicamente: ante determinados pensamientos que buscan mantener el control, el dolor físico puede ser una alternativa a la rabia que dichos pensamientos generan. Al sentir esa rabia hacia uno mismo, el hacerse daño canaliza todo ese sufrimiento con un único objetivo: el castigo.
- Desviar el foco. A veces el dolor interno es tan fuerte que solo un dolor externo puede desviar la atención hacia el aquí y ahora.
¿Por qué puede autolesionarse un adolescente?
Nadie busca hacerse daño si no hay una función o consecuencia detrás. Con frecuencia funciona como un intento desesperado de manejar emociones o experiencias que el adolescente siente que no puede soportar, comprender o comunicar de otra forma.
Entre las funciones más frecuentes se encuentran:
- Reducir temporalmente una angustia emocional muy intensa.
- Interrumpir sensaciones de vacío, bloqueo o desconexión.
- Castigarse por sentimientos de culpa, vergüenza o autodesprecio.
- Transformar un dolor emocional difícil de explicar en algo concreto y visible.
- Recuperar cierta sensación de control.
- Comunicar un sufrimiento para el que todavía no se encuentran palabras.
- Pedir ayuda cuando no se sabe cómo hacerlo directamente.
Esto no significa que la autolesión sea una forma saludable de regular las emociones. El alivio que produce suele ser breve y puede reforzar la repetición de la conducta. Después pueden aparecer vergüenza, miedo a ser descubierto, aislamiento y una mayor sensación de falta de control.
También es importante desterrar la idea de que se trata simplemente de “llamar la atención”. Incluso cuando existe una necesidad de que otras personas vean el sufrimiento, esa necesidad merece ser escuchada. Una conducta peligrosa utilizada para comunicar dolor sigue indicando que el adolescente necesita ayuda.
Factores que pueden favorecer su aparición
Las autolesiones pueden aparecer en adolescentes con situaciones personales muy diferentes. No implican por sí solas un diagnóstico concreto, pero pueden relacionarse con:
- Dificultades para identificar, expresar o regular las emociones.
- Depresión, ansiedad, trauma u otros problemas psicológicos.
- Baja autoestima y una autocrítica muy intensa.
- Acoso escolar, rechazo, soledad o conflictos con el grupo.
- Conflictos familiares o experiencias de pérdida.
- Abuso, violencia o experiencias traumáticas.
- Problemas relacionados con la imagen corporal o la alimentación.
- Dificultades vinculadas a la identidad o la orientación sexual en contextos de rechazo.
- Impulsividad y consumo de alcohol u otras sustancias.
- Exposición a contenidos sobre autolesiones en redes sociales.
Las redes pueden facilitar el apoyo y el acceso a información útil, pero también pueden normalizar la conducta, favorecer comparaciones o exponer al adolescente a contenidos desencadenantes. Por eso conviene explorar su uso sin convertirlo automáticamente en el único responsable del problema.
Señales que pueden alertarnos
Algunos adolescentes cuentan lo que está ocurriendo, pero otros lo ocultan por miedo, vergüenza o temor a preocupar a sus padres. Entre las posibles señales de alerta encontramos:
- Heridas frecuentes o explicaciones poco claras sobre ellas.
- Cambios llamativos en la forma de vestir dirigidos a ocultar el cuerpo.
- Aislamiento y abandono de actividades anteriormente importantes.
- Cambios bruscos de humor, irritabilidad o tristeza persistente.
- Expresiones de inutilidad, culpa, desesperanza o rechazo hacia uno mismo.
- Descenso significativo del rendimiento académico.
- Alteraciones importantes del sueño o la alimentación.
- Despedidas inusuales, mensajes preocupantes o entrega de objetos valiosos.
- Comentarios como “no puedo más”, “soy una carga” o “estaríais mejor sin mí”.
Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que haya autolesiones, pero sí justifica acercarse al adolescente, preguntar y escuchar.
Detectar estas señales es solo el primer paso. En el próximo artículo profundizamos en la relación entre autolesión y conducta suicida, cómo reaccionar si un hijo o hija lo cuenta, qué evitar y cuándo pedir ayuda urgente.
Fuentes consultadas
Salud mental de los adolescentes — Organización Mundial de la Salud
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