Astenia primaveral… ¿o estrés primaveral? Aprendiendo a escuchar al cuerpo

22 DE JUNIO DE 2026

Cansancio inexplicable, tendencia a la irritabilidad, alteraciones del sueño, rinitis, dolor de cabeza, dolores articulares, dificultad para concentrarse, alteraciones del estado de ánimo… y todo de repente, aparece en primavera. En muchas ocasiones se habla de astenia primaveral, pero también puede ser importante preguntarse si estamos ante un cuadro de estrés primaveral que el cuerpo lleva avisando desde hace tiempo.

El ser humano necesita anticipar, aprender y es lógico que si estos síntomas cursan en primavera y no antes, o eso es lo que se piensa, pues tiene que ser por narices la famosa astenia primaveral, que además a otros vecinos, amigos, familiares, pues también les pasa. Es, como digo, lógico.

Pero… ¿y si te dijera que puede haber algo más? ¿y si esto es algo que tiene más que ver con alarmas que tu cuerpo lleva lanzándote en plan globo sonda desde hace varios meses y has obviado? Te dejo una pista y cito a mi querida Natalia Seijo con una respuesta que deja preparado como introducción, el contenido del artículo y es que, tu cuerpo tiene memoria y cuando la garganta calla, el cuerpo acaba gritando. Por eso, cuando hablamos de estrés primaveral, no siempre hablamos solo de una reacción al cambio de estación, sino de algo que puede venir acumulándose desde mucho antes.

 

¿Qué hay de verdad o de mito sobre la relación entre el biorritmo y el cambio estacional?

Culturalmente estamos acostumbrados a atribuir nuestros estados anímicos al entorno. El invierno nos entristece, el verano nos alegra, la primavera nos altera. No es una idea sin fundamento: la luz solar influye en la producción de serotonina y melatonina, hormonas vinculadas al estado de ánimo y al ciclo de sueño-vigilia.

En algunas personas, estos cambios pueden generar alteraciones bruscas en el estado de ánimo, conocidas como trastorno afectivo estacional (TAE), que aparece de forma repetitiva en una época concreta del año. Sus síntomas pueden incluir tristeza persistente, falta de energía, apatía, hipersomnia, dificultad para concentrarse, pérdida de motivación o lentitud mental. La clave parece estar en la alteración de los ritmos circadianos y en su relación con el cortisol, hormona vinculada al estrés.

Sin embargo, la psicología clínica advierte que estos síntomas también pueden enmascarar otros problemas relacionados con los hábitos de vida y la gestión emocional. Por eso, diferenciar entre astenia primaveral y estrés primaveral puede ser clave para entender qué está ocurriendo realmente.

Si observamos el ciclo de una persona en edad laboral, después de las vacaciones vuelven las cargas laborales y familiares, aumentando la activación del cuerpo. Conforme pasan los meses, la exigencia crece y muchas personas llegan a su pico de estrés en torno a diciembre o enero.

Con la llegada de la primavera, los mecanismos de compensación que han permitido seguir funcionando con un estrés elevado pueden empezar a fallar. Entonces aparecen con más fuerza la apatía, el decaimiento, la falta de motivación o la ansiedad mantenida durante meses. En este punto, el estrés primaveral puede confundirse fácilmente con una simple astenia primaveral.

 

Señales para distinguir la astenia primaveral del estrés primaveral

¿Qué señales podemos escuchar para distinguir una respuesta estacional normal o una señal de que el estrés ha superado tu capacidad de gestionarlo? No hay una línea clara, pero si indicadores:

Sueño no reparador

Duermes horas suficientes pero te despiertas igual de cansado. El estrés crónico altera la arquitectura del sueño profundo.

Anhedonia parcial

Las cosas que antes te gustaban ahora te dejan indiferente o requieren un esfuerzo desproporcionado para disfrutarlas.

Niebla mental

Dificultad para concentrarte, olvidar cosas habituales, sensación de que el pensamiento va más lento de lo normal.

Irritabilidad sin causa

Reacciones desproporcionadas a estímulos pequeños. El umbral de tolerancia baja cuando el sistema nervioso está saturado.

Tensión física

Contracturas, cefaleas tensionales, molestias digestivas o sensación de opresión en el pecho sin causa médica clara.

Persistencia temporal

Los síntomas se mantienen más de dos o tres semanas sin mejorar, lo que los diferencia de una simple adaptación estacional.

 

El cuerpo tiene memoria: la perspectiva somática

La psicología y la medicina llevan décadas documentando la relación entre el estado emocional y los síntomas físicos. Lo que durante mucho tiempo se denominó de forma imprecisa «enfermedad psicosomática» (con cierta connotación de que el problema «era solo de la cabeza»), hoy se entiende de manera mucho más precisa: el cuerpo y la mente son un sistema integrado, y el estrés sostenido tiene efectos mensurables sobre el sistema inmune, el sistema cardiovascular, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (eje intestino-cerebro) y el sistema nervioso autónomo.

Cuando el cerebro detecta una amenaza, activa una respuesta de alerta que tiene un coste fisiológico. Si esa activación se mantiene en el tiempo, el organismo paga una factura. Y esa factura puede llegar en forma de síntomas que, visto desde fuera, tienen toda la pinta de ser cosa de la primavera. Por eso, el estrés primaveral no siempre aparece porque la primavera sea el problema, sino porque el cuerpo encuentra ese momento para mostrar lo que llevaba tiempo sosteniendo.

 

Bien, ¿y que podemos hacer?

Lo primero y como siempre, no “etiquetar”, es decir no atribuir que es el cambio de estación antes de preguntarse uno mismo como lleva gestionando el estado de ánimo últimamente y en los últimos meses. ¿Ha habido periodos de alta exigencia, conflictos no resueltos, pérdidas, cambios importantes o simplemente una acumulación sostenida de pequeñas presiones? Es el momento de hacer autoobservación.

En segundo lugar, diferenciar si como estoy gestionando es más una huida o escape de una situación de la que quiero salir más que practicar el descanso y autocuidado. Si me engancho al teléfono móvil o dedico horas enteras a ver series o utilizo el alcohol para “relajarme”, claramente no es autocuidado y puede favorecer que los síntomas aumenten.

Muy relacionado con el primer punto, es importante no minimizar lo que nos sucede y priorizar el trabajo o los objetivos laborales ante todo: “si todo el mundo esta igual”, “vamos a sacar esto y luego descanso”, “primero la obligación y luego el descanso o la diversión”, el cuerpo no hace prisioneros y si cae, cae con todo el equipo. Está diseñado para ser paciente y regularse, hasta que llega un momento en el que colapsa y entonces ya es inevitable, el cuerpo no pudo más. Más vale prevenir que curar siempre.

Buscar ayuda profesional. Parece que siempre estamos con lo mismo, pero es cierto, un profesional puede ayudarte a detectar estas señales, discriminarlas y de forma eficaz, plantear unos objetivos para ayudarte a superar esta situación. Si necesitas orientación de un psicólogo en San Sebastián de los Reyes, acudir a terapia puede ayudarte a comprender si lo que estás viviendo tiene más que ver con astenia primaveral, con ansiedad acumulada o con un proceso de estrés primaveral que necesita ser atendido. No lo vayas dejando, porque luego va a costar más salir del pozo.

Y lo más importante, no olvides que cuando estés empezando a sentir que físicamente tu cuerpo no tira más, es el momento en el que conscientemente tengo que darme cuenta que eso significa que lleva mucho tiempo tirando demasiado y siendo demasiado fuerte.

 

Estrés Primaveral | Psicólogo en San Sebastián de los Reyes